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Museo Artequín Viña del Mar

Juego, diversión y mucha interacción: el nuevo concepto del museo

Por Michelle Carpentier/ Fotografías: Carolina Andrade

Generar espacios de cultura viva, así como romper con estereotipos a la hora de vincularnos con el patrimonio, son solo algunos de los objetivos que hace una década lleva persiguiendo el Museo Artequín en Viña del Mar. A continuación repasamos parte de su historia, de su éxito y proyecciones.

Risas, niños jugando y ruido, no son cosas que tradicionalmente se asocian a un museo. Pero en Viña del Mar, en medio de la calma de la Quinta Vergara, se encuentra un espacio donde los niños tienen derecho a correr y jugar mientras aprenden y se encantan con el arte. Es el Museo Artequín, un sitio que rompió con la común solemnidad de los museos, invitando a que grandes y chicos puedan apreciar el patrimonio artístico desde otra dimensión. Allí está permitido interactuar directamente con las obras, sin miedo a romper algo.

“La idea es que en este museo los niños y las niñas se sientan cómodos, que puedan tocar, gritar, que aprendan de arte a través de la felicidad”, explica Macarena Ruiz, Directora Ejecutiva de Artequín Viña del Mar.

En los casi 9 años que el museo lleva funcionando en la Ciudad Jardín, este ha destacado por una metodología innovadora, con talleres para colegios y familias que acercan las artes visuales a todos quienes visitan este lugar. “Arte, sonido y cuento”, “Me expreso con mi cuerpo”, “Pequeña historia del arte chileno” o “Shakespeare Junior”, son algunas de las temáticas que se desarrollan en este lugar.

“Los niños pueden venir con el colegio y replicar en casa esta actividad con la familia. Al final el museo pasa de ser una experiencia complementaria educativa, a un panorama familiar, y sin darse cuenta, la familia está consumiendo cultura y patrimonio”, recalca Macarena Ruiz.

Para la Directora Ejecutiva de Artequín Viña, la posibilidad de crear audiencias desde una temprana edad es fundamental. “Ir a un museo o a un concierto son actividades que si uno incorpora desde pequeño, al final de adulto son naturales de realizar. Se vuelven una conducta ya adquirida”.

ROMPIEDO ESTEREOTIPOS

Que la visita a espacios culturales y patrimoniales sea parte de la rutina familiar, va de la mano con generar experiencias y sitios seguros, entretenidos y agradables para todos. Romper el mito del museo aburrido donde se exhiben objetos antiguos, ha sido una de las mayores luchas para los integrantes del Artequín, quienes comentan que “este museo busca la comunicación y la experiencia. Tiene otro concepto”.

Esta aparente amenaza, que en un principio hizo que fuera un poco difícil la entrada del espacio a la comunidad viñamarina, se transformó en una fortaleza, pues ofrecían algo diferente. “Existe una mirada conservadora, que entiende el concepto de patrimonio como algo que ya está hecho hace muchos años. Nosotros defendemos la cultura viva, la comunicación entre el presente y el pasado, experiencias que generen identidad y memoria”, comenta la directora del Museo, quien agrega que con el pasar de los años se ha visto un cambio, no solo en quienes visitan el lugar, sino que en la comunidad en general.

Viña del Mar, según Ruiz, tiene un contexto diferente a Santiago. En la capital existe mucha oferta cultural y las personas están más acostumbradas a participar. Fue un desafío atraer a los viñamarinos, “pero ha sido bonito ver cómo las personas y las familias se han ido vinculando. Ha ayudado que el museo sea dinámico, con un rol transformador y de puertas abiertas”, explica.

CULTURA VIVA Y TRANSVERSAL

Uno de los aspectos que más destaca el equipo que trabaja en este museo, es generar instancias de aprendizaje, más allá de si la persona tiene sensibilidad artística o no. Al mismo tiempo busca llegar a un amplio espectro de personas, sobre todo niños y niñas.

“El arte no se trabaja de manera pura, se cruza con situaciones o realidades sociales. Por ejemplo, abordamos la diversidad cultural y como eso se refleja en el arte. La idea es comunicar mensajes, dar cuenta de cómo la historia del arte nos va sirviendo para comprender diversas temáticas.”, comenta Macarena Ruiz.

En la misma línea, y con el objetivo de llegar a una mayor cantidad de personas, el museo organizó itinerancias. Interactuar con las tomas de los cerros de Viña del Mar, acudir a ciudades cercanas o trabajar con niños de habilidades especiales, son algunas de las iniciativas con las que Artequín ha buscado abrir espacios de cultura viva.

“Los museos tienen que ser transversales. Puede que no te importe el arte, pero deberías llegar a ellos atraído por otras necesidades y valores. Los niños son como esponjas y el espíritu de Artequín es que sus visitantes aprendan pasándolo muy bien. Buscamos ser un lugar en el que te den ganas de quedarte”, destaca.

Sobre el éxito que Artequín ha tenido en estos años, Macarena Ruíz reflexiona contenta: “La clave es proteger la infancia y nunca dejar de innovar; creer en lo que hacemos: la educación artística; y tener la convicción de que se puede trabajar en comunidad, escuchando lo que quiere el público”.

Artequín busca seguir potenciándose como un espacio construido por todos, donde la comunidad se sienta parte y viva experiencias en familia. “Yo concibo el museo como un sitio abierto al diálogo, donde las personas se sientan muy cómodas “, finaliza.

 

 

 

 

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