PorFundación Cooltura

Educación Patrimonial

“Hacen falta escuelas que interactúen con su entorno”

Por Verónica Ramírez/ Fotografías: Gonzalo Carrasco

María Gabriela Huidobro, Decana Facultad de Educación UNAB

Un factor evidente y responsable de la poca, y a veces nula, identificación y valoración del patrimonio local por parte de la ciudadanía, es la falta de educación con esa perspectiva. Es por eso que nos acercamos a una especialista en la materia, la viñamarina y Decana de la Facultad de Educación de la UNAB, María Gabriela Huidobro, quien nos ayudó a responder las siguientes dudas.

¿Qué aspectos deberían considerarse a la hora de educar a otros en materia patrimonial y cuáles de aquellos están siendo desatendidos en nuestra sociedad? 

La educación patrimonial está disociada. No existe mayor relación entre lo que los alumnos ven en las salas de clases y su entorno, esa es la principal piedra de tope en este sentido. El currículum que se debe aplicar en las escuelas es igual para todas, sin considerar la realidad del entorno de cada establecimiento. Las escuelas suelen ser espacios cerrados, sus murallas son altas y apartan a los niños de lo que sucede afuera, impidiendo el diálogo con la comunidad y la cultura que las enmarca. Falta que los alumnos salgan a caminar por su ciudad, que vivan experiencias en ella, solo así podrán valorarla. En Nueva Zelanda, por ejemplo, los alumnos deben salir de la escuela al menos dos veces al mes, no necesariamente a una actividad en terreno, sino simplemente a caminar por el barrio que rodea el establecimiento. En el proceso educativo es esencial que el estudiante se vincule no solo de forma intelectual, sino también emocionalmente con el objeto de estudio. Por lo que sin la vivencia, es difícil que el alumno logre identificar el objeto aprendido como algo significativo. En resumen, para generar una cultura patrimonial es imprescindible desarrollar vínculos emocionales, que permitan a la persona establecer conexión con su entorno.

Es evidente que la educación patrimonial debe trascender al mundo escolar y avanzar hacia toda la comunidad, pero si nos enfocamos solo en la labor de los establecimientos educacionales, ¿en qué medida los alumnos que estudian en la Facultad que usted dirige se preparan para educar a otros en materia de identificación y valoración patrimonial cultural y natural? ¿Ustedes, como Facultad de Educación, están inculcando a los futuros docentes la importancia de la vinculación e identidad con el entorno patrimonial local y nacional?

Nuestros alumnos de las carreras de Educación llegan a primer año con varias falencias en ese sentido, ya que están acostumbrados al sistema rígido y formal que antes explicaba. Como Facultad hacemos esfuerzos para que nuestros estudiantes salgan y vivan experiencias como las que señalaba anteriormente; estamos seguros de que solo así podrán transmitir lo mismo a sus futuros alumnos. Actualmente, junto al apoyo del Campus Creativo de nuestra universidad, especialmente de la carrera de Arquitectura, desarrollamos varias actividades en las que nuestros alumnos visitan distintos sectores de la ciudad, pensadas para que ellos logren valorar no solo la arquitectura de las edificaciones, sino también el patrimonio del lugar en todos sus sentidos.

Considerando que el patrimonio es el  “soporte transmisible de la historia y la identidad en la experiencia colectiva” (Dormaels, 2012: 2) y, por ende, es la comunidad la que legitima el patrimonio, ¿en qué medida una institución educativa, que se rige por currículum y mallas establecidas, puede congeniar con la educación y preparación en una materia variable y lábil? 

Efectivamente, el currículum oficial deja muy poco espacio para poder desarrollar contenidos vinculados a la materia patrimonial. No obstante, es allí donde opera la innovación de cada establecimiento. Una manera de educar en este sentido es enfatizar en el desarrollo de habilidades necesarias para que el alumno logre en el futuro valorar su entorno e identificarse con el patrimonio. El pensamiento crítico, la capacidad de análisis y de argumentación, que son habilidades esperadas por el currículum establecido, pueden ser desarrolladas aplicándose a la identificación cultural y la definición de un patrimonio. Estas habilidades son básicas para preparar a los estudiantes emocional e intelectualmente para que puedan llegar a valorar su entorno.

¿Qué estrategias o metodologías usted propone para complementar a la educación formal en el conocimiento y valoración patrimonial local (pues claramente una educación formal por sí sola no puede abordar este asunto)? 

Justamente porque el patrimonio es algo que se define colectivamente, la única manera de lograr concientizar a los alumnos sobre este tema es sacarlos de sus salas de clases. En el contexto del siglo XXI tenemos que olvidarnos de la sala de clases tradicional y pensar más en un aprendizaje activo centrado en el estudiante. Eso implica abrir las puertas de los establecimientos e invitar a los alumnos a que se conecten con lo que está ocurriendo más allá de las cuatro paredes de sus aulas. Esto no solo significa salir físicamente de la escuela, sino que apunta a adoptar una actitud de diálogo con lo que ocurre fuera de esta.

¿Considera que el Ministerio de Educación ha realizado esfuerzos destacados durante los últimos gobiernos que promuevan la identidad, diversidad y pertenencia en este sentido? Y de ser así, ¿cree que esos proyectos y propuestas son viables y aplicables a nuestra realidad educacional?

En los últimos años se han confeccionado una serie de guías para que los profesores puedan familiarizarse con materias de índole patrimonial, pero evidentemente falta mucho por hacer al respecto. Considero, de todos modos, que existen algunos buenos ejemplos de esfuerzos locales en el norte y sur de nuestro país, donde se ha comenzado a trabajar en proyectos interdisciplinarios de vinculación e identificación con el entorno en el que se insertan los establecimientos educacionales. Destaco la iniciativa del Museo de La Ligua, que ha establecido un excelente trabajo junto a las escuelas y liceos del sector para rescatar el valor arqueológico de la zona.

Además de ser Decana de una Facultad de Educación, usted es historiadora, y en este rol acaba de publicar un libro que analiza el imaginario de la Guerra de Arauco, y donde se postula que este provino especialmente del mundo épico y la tradición clásica. En ese sentido, ¿puede dicho imaginario, construido en gran medida por voces europeas, considerarse parte de nuestro patrimonio cultural? ¿Cómo se puede transmitir a los estudiantes que la cultura mapuche es parte de nuestro patrimonio, y por ende, que debemos comprenderla, respetarla y valorarla, siendo que los imaginarios que han primado sobre el pueblo mapuche se han construido bajo perspectivas que no necesariamente entendieron esta cultura? 

Más allá de que este imaginario haya surgido de voces europeas, lo importante es que conforma una memoria histórica y colectiva que nosotros tenemos sobre nuestro propio pasado. En ese sentido, podríamos decir que nos hemos apropiado de un imaginario que ahora forma parte de la historia de Chile. Por lo tanto, independiente de quiénes hayan originado este imaginario sobre nuestro pueblo, en la medida en que a nosotros nos haga sentido y lo valoremos, este formará parte de nuestro patrimonio. Puede ser lo mismo para el caso de una obra arquitectónica construida por un europeo en una localidad chilena, si es que la obra tiene sentido para dicha comunidad, aquella forma parte de su patrimonio. Ahora bien, respecto a los mapuches, considero que todavía nos falta mucho conocimiento sobre su cultura. La única manera de valorar una cultura es conocerla, y quizás, desde esa perspectiva, se ha cometido el error de quedarnos solo con estos imaginarios más literarios, que están disociados de los pueblos que conviven con nosotros en el sur de Chile. Sin embargo, considero de todos modos que no se deben erradicar estos imaginarios heroicos, como el establecido por La Araucana de Ercilla y por otros poemas épicos, pues se inspiraron en la valoración de los antepasados de estos pueblos. Más que elegir uno u otro imaginario sobre los mapuches, aquellos se deberían complementar y aprovechar, para entender con ellos, que existen ciertas raíces etnográficas en Chile que desconocemos. Vale la pena rescatar este imaginario heroico por el solo hecho de que se inspira en raíces nuestras.

Si tuviera que hacer un diagnóstico en materia de educación patrimonial en nuestra zona, específicamente en Viña del Mar, ¿qué nota pondría? ¿Considera que se están haciendo esfuerzos considerables para resguardar y difundir nuestro patrimonio local?

La nota conceptual que pondría es un no logrado. Es posible constatar muchas iniciativas, tanto de particulares como de entidades públicas, pero estas son diseminadas. Lo que está faltando es una política común que nos permita primero definir cuáles son los principios sobre los que se cimienta una identidad viñamarina, y a partir de la cual veamos representado un patrimonio arquitectónico, natural, artístico y cultural. Falta un diálogo que nos ayude a realizar un trabajo que sea real y significativamente colectivo y que se fundamente en el acuerdo sobre dichos principios, sino cada uno de los esfuerzos seguirá siendo aislado, sin conseguir el impacto necesario para rescatar, conservar y recuperar el patrimonio de la ciudad.

 

 

 

About the author

Fundación Cooltura administrator